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miércoles, 22 de mayo de 2013
El campo de concentración de la Isla de Cabrera.
El campo de concentración de la Isla de Cabrera. Lo
que no nos han contado de la Guerra de la Independencia (5/8)
El Palais Royal, embarcadero y castillo.
Vista actual del embarcadero y del castillo.
En noviembre incluso montaron un teatro y representaban obras de las que se acordaban, inventándose lo que faltaba. Todo fue bien hasta que se les ocurrió una sobre la vida en la isla. Los espectadores pensaban que se estaban riendo de ellos, se enfadaron, les tiraron piedras y destrozaron el rudimentario escenario pues necesitaban algo que les hiciera olvidar aquello, evadirse, no algo que les recordara su situación. También había un grupo de músicos que daba conciertos.
Cueva-teatro en la Brújula.
Delroeux comenta que no respetaban los grados y había cabos que mandaban sobre un sargento débil, los fuertes les quitaban la ración a los débiles a pesar de que había un comité disciplinario formado por varios oficiales. La gente se hacía armas con palos a los que añadían la mitad de una tijera, cuchillos, navajas de afeitar o agujas. Él, simple cabo, terminó como jefe de su compañía y repartía las raciones. Ninguno de los relatores habla sobre la cantidad de vigilantes españoles, salvo los dos barcos que rodeaban la isla para evitar fugas. Se supone que el delegado español y el sacerdote contarían con algún pelotón de protección pero solo se hace referencia a soldados españoles cuando llegaba la barca de la comida por lo que quizás fueran con ella para evitar que la asaltaran.
La nochebuena de 1809 una tormenta se llevó las tiendas de campaña donde tenían a los enfermos hasta el valle cercano donde quedaron sepultados. Al día siguiente encontraron 34 cadáveres. A finales de ese año, tras ocho meses de estancia, habían muerto cuatro oficiales y 700 entre suboficiales y soldados. No comunicaban los fallecimientos para seguir disfrutando de los víveres que les correspondían a los cadáveres.
Tormente de la Nochebuena de 1809.
Asalto a una barca de pescadores.
Autor: Fernando Ballano Gonzalo.
En octubre les llovió por
primera vez desde su llegada. Lo hacía con abundancia entre noviembre y marzo
pero el resto del año las precipitaciones eran escasas o nulas. Fabricaban
cestas con mimbres y los nuevos prisioneros llegaban con cuchillos, tijeras y
vestidos nuevos. Como algunos tenían dinero escondido comenzaron a comerciar. En
la zona cercana al puerto, en un valle, estaba el mercado donde se reunían y le
llamaron Palais Royal. Se llegaba a prestar medio pan por uno entero cuando
llegara el barco.
Vista actual del embarcadero y del castillo.
En noviembre incluso montaron un teatro y representaban obras de las que se acordaban, inventándose lo que faltaba. Todo fue bien hasta que se les ocurrió una sobre la vida en la isla. Los espectadores pensaban que se estaban riendo de ellos, se enfadaron, les tiraron piedras y destrozaron el rudimentario escenario pues necesitaban algo que les hiciera olvidar aquello, evadirse, no algo que les recordara su situación. También había un grupo de músicos que daba conciertos.
Cueva-teatro en la Brújula.
Delroeux comenta que no respetaban los grados y había cabos que mandaban sobre un sargento débil, los fuertes les quitaban la ración a los débiles a pesar de que había un comité disciplinario formado por varios oficiales. La gente se hacía armas con palos a los que añadían la mitad de una tijera, cuchillos, navajas de afeitar o agujas. Él, simple cabo, terminó como jefe de su compañía y repartía las raciones. Ninguno de los relatores habla sobre la cantidad de vigilantes españoles, salvo los dos barcos que rodeaban la isla para evitar fugas. Se supone que el delegado español y el sacerdote contarían con algún pelotón de protección pero solo se hace referencia a soldados españoles cuando llegaba la barca de la comida por lo que quizás fueran con ella para evitar que la asaltaran.
La nochebuena de 1809 una tormenta se llevó las tiendas de campaña donde tenían a los enfermos hasta el valle cercano donde quedaron sepultados. Al día siguiente encontraron 34 cadáveres. A finales de ese año, tras ocho meses de estancia, habían muerto cuatro oficiales y 700 entre suboficiales y soldados. No comunicaban los fallecimientos para seguir disfrutando de los víveres que les correspondían a los cadáveres.
Tormente de la Nochebuena de 1809.
A principios de febrero de 1810
unos oficiales fabricaron una barca para 30 personas pero alguien les delató,
les descubrieron y la destruyeron. A mediados del mismo mes 20 marinos se
apropiaron de la barca de suministros y se marcharon con ella. No regresó otra hasta
el día 25 de ese mes. Sebastien afirma que murieron entre 800 y 900 en esos
días pero el libro del abad dice que fueron entre 400 y 500 y que ya sólo quedaban
unos 4.000 pues habían muerto las tres cuartas partes –porcentaje que supondría
haber llevado a 16.000 al principio–.
Asalto a una barca de pescadores.
Durante el tiempo que no tuvieron
suministros hacían sopa con cardos y trebol. Uno hizo un guiso con una piel de
cordero a la que había quitado la lana. Algunos comían un tubérculo silvestre
que llamaban patata de Cabrera pero les provocaba dolores de estómago y acabo matándoles.
Incluso hicieron procesiones para pedir que llegara pronto. Encontraron una
foca muerta y descompuesta. A pesar de ello algunos se la comieron y murieron
envenenados. Acabaron matando al burro Martín y se repartió en 4.500 trozos de unos 30 gramos –una onza– aunque
otras fuentes dicen que 15 o 20
gramos . Después de comerse el asno la barca todavía tardó
dos días. Un polaco –lituano según el cabo– se comió el hígado y el corazón de su
compañero de caseta al que había asesinado. Le sorprendieron cuando los cocía.
Le llevaron a Palma, donde le juzgaron y fusilaron. Dicen que otros también
comían cadáveres. Soñaban con habas que se multiplicaban y crecían. Del mar
sacaban chirlas, mejillones y pulpos –al que denominaban pez de siete colas–. Les
parecían muy extraños pero cuando los probaron les encantaron.
Continuará
Continuará
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