El campo de concentración de la Isla de Cabrera.
Lo
que no nos han contado de la Guerra de la Independencia (VII/8).
Autor: Fernando Ballano Gonzalo.
Como empezó a haber diferencias
sociales, los que más tenían guardaban sus propiedades en cestas de mimbre que
se ataban al brazo al dormir para que no se las quitaran. Si pillaban a un
ladrón se le ataba a un poste y se le podían dar bofetadas. El preso estaba
atado sobre una piedra, uno se la quitó y acabó ahorcado. Los que tenían dinero
contrataban a alguien para que les hiciera los servicios obligatorios que a
cada compañía le correspondía de vez en cuando para cavar fosas, enterrar
muertos u otras tareas.
En una ocasión, en que unos
quisieron atacar la barca de la comida que estaba sin vigilancia, los propios
compañeros les tiraron piedras pues suponía quedarse un tiempo sin suministros
como castigo, como ya había ocurrido.
Había franceses, alemanes,
italianos, polacos, suizos y españoles, pues también algunos estaban
encuadrados en las tropas francesas como ocurría con los denominados
regimientos josefinos. No olvidemos que era el gobierno legal tras la
abdicación de Carlos IV y Fernando VII en José I y una parte de la población
–los denominados afrancesados– le fueron fieles.
Al tercer año les llevaron un
gobernador llamado Baltasar. Decían que ya tenían al cura y a un oficial que
había llegado pues no cesaba de llegar gente nueva, en grupos de 20, 30 o 100.
En una ocasión arribaron de una vez 1.500 nuevos prisioneros de Alicante –1.200
según otro y 1.800 según el cabo–. A los seis meses sólo quedaban la mitad de
los de Alicante. El abad afirma que de la compañía de su padre, de los 140
hombres iniciales, sólo sobrevivieron cuatro..
En 1813 se cultivaba repollo,
patatas y tabaco. Sembraban en noviembre y recogían en mayo pues en verano
hacia mucha calor y sequía como para que creciera algo. De nabos y lechugas lograban
cuatro cosechas. El cura sembró patatas pero por la noche se comieron los
trozos sembrados. También hacían crecer cáñamo que hilaban y tejían.
Sebastien acabó de criado de un
teniente suizo de los que llegaron posteriormente porque su anterior sirviente,
un marino, fue liberado en julio de 1813 en un intercambio de hombres de mar. A
mediados de noviembre de 1813, llevaron al hospital de Ibiza al oficial y él le
acompañó. Allí vivió muy bien. En marzo de 1814 liberaron a alemanes e
italianos y le dijeron que se hiciera pasar por alemán pero se negó pues
trabajaba para un ibicenco que le trataba bien y estaba contento. El tres de
mayo de 1814 llegó un barco para llevarse a los franceses. En Francia le
tuvieron en cuarentena hasta el cuatro de junio y al terminar le dieron 40
francos de indemnización.
El 16 de mayo de 1814 llegó a
Cabrera un barco francés con la bandera de los Borbones, el capitán les dijo
que Napoleón había sido vencido y que les iban a rescatar. El 29 de mayo
embarcaron a 1.986 prisioneros y ocho días después a 1.300, lo que hace un
total de 3.286, que fueron trasladados a Marsella. A ellos habría que añadir
los que se enrolaron en el ejército español, los que fueron intercambiados y
los que huyeron. El 27 de agosto el prefecto marítimo de Toulon comunicó que,
según sus censos, habían llevado a la isla a unos 14.000 prisioneros y habían sobrevivido
4.000. El cabo, por su parte, calcula que en total llevaron a Cabrera 19.000
hombres y sacaron 3.500. Grandmaison afirma que sobrevivieron 4.000 de los
15.000 que internaron. Según Denis Smith, autor de The prisoners of Cabrera, llevaron a un total de 11.800 de los
cuales 800 oficiales fueron trasladados a Gran Bretaña, 600 soldados se unieron
al ejército español y 100 escaparon. En 1814 regresaron a Francia 3.389. Como
vemos, las cantidades difieren mucho. La cifra más baja de internados es de 11.800
y la más alta de 19.000. La más baja de supervivientes, 3.286 y la más elevada
de 4.000. Las cifras más moderadas serían 4.000 supervivientes sobre 11.800
internados.


























