lunes, 15 de abril de 2013


El campo de concentración de la Isla de Cabrera (3/8).

Lo que no nos han contado de la Guerra de la Independencia.
Autor: Fernando Ballano Gonzalo.

 
La huida del resto de tropas francesas y de José I les hizo ser muy optimistas pero enseguida Napoleón formó un nuevo ejército y volvió a ocupar España.

 

 
 La Junta de Sevilla que detentaba el poder alternativo a José I decidió no cumplir el acuerdo con los prisioneros de Bailén (otros dicen que fue una orden de los británicos). El hecho es que les recluyeron en la bahía de Cádiz –donde llegaron el uno de enero de 1809– en unos pontones formados por barcos franceses apresados a los que se habían quitado las velas y estaban vigilados. En ellos se recluyó a unos dos mil prisioneros por nave. Los militares españoles les quitaron todo lo que llevaban pero algunos consiguieron ocultar las monedas y así dispusieron de efectivo. Sebastien cuenta ocho pontones y el cabo diez. Payrat, por su parte, afirma que llevaron a Cadiz a unos 25.000, cantidad exagerada, y para la que harían falta unas 12 naves por lo menos. En cualquier caso tendríamos un mínimo de 16.000 prisioneros en los pontones que es la cantidad mínima que encontramos entre las diferentes fuentes.

 

 

Para dormir se colocaban literalmente como sardinas en lata, cabezas al lado de pies, y de lado para ocupar menos espacio. Según Sebastien la ración para dos días era de cuatro onzas de habas más libra y media de pan pero a veces faltaba el agua o la madera para hervirlas. El cabo comenta que a veces pasaban al lado de los pontones y les enseñaban el pan pero no se lo daban. Él tenía un trozo de plomo en la boca para salivar. Añade que de los 2.200 que pusieron en el barco Souverain perdieron la vida 700 durante el mes de febrero.

A las seis semanas de estancia se desató una epidemia de disentería y cada día fallecían entre 15 y 40 por barco, unos 300 o 400 en total. La costa se llenó de cadáveres y les prohibieron tirarlos al mar por lo que los colgaban de una cuerda en la borda y se los llevaban en una barca. El abad afirma que tras cuatro meses en los pontones el número de prisioneros se redujo a la mitad.

 

 

El siete de marzo de 1809 padecieron una tempestad que duró cinco días. Unos dicen que no recibieron alimentos ni agua durante una semana y perdieron la vida 150 hombres. Otros que tardaron 20 jornadas en llevarles alimentos. Como se puede comprobar, y certifica la psicología, las fuentes orales no son muy fiables para los detalles. Entre el dos de enero y el 28 de marzo de 1809  murieron 675 de los 1.800 que metieron en el Vainqueur. Ese mismo mes enviaron 800 prisioneros –4.000 según otras fuentes– a Canarias donde fueron muy bien tratados y muchos incluso se afincaron en estas islas.

El 28 de marzo los que quedaban fueron embarcados con rumbo a la isla de Cabrera, situada a unos 10 kilómetros al sureste de Mallorca. Del barco de Sebastien quedaban mil de los dos mil iniciales tras tres meses en los pontones. Utilizaron 27 barcos para transportarles. Todavía pensaban que iban a Francia en un intercambio por prisioneros españoles. El viaje fue muy accidentado con retrasos en la partida, escala en Gibraltar y refugio temporal en Alicante debido a una tormenta.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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