El campo de concentración de la Isla de Cabrera (3/8).
Lo
que no nos han contado de la Guerra de la Independencia.
Autor: Fernando Ballano Gonzalo.
La huida del resto de tropas
francesas y de José I les hizo ser muy optimistas pero enseguida Napoleón formó
un nuevo ejército y volvió a ocupar España.
La Junta de Sevilla que detentaba el poder
alternativo a José I decidió no cumplir el acuerdo con los prisioneros de
Bailén (otros dicen que fue una orden de los británicos). El hecho es que les
recluyeron en la bahía de Cádiz –donde llegaron el uno de enero de 1809– en
unos pontones formados por barcos franceses apresados a los que se habían
quitado las velas y estaban vigilados. En ellos se recluyó a unos dos mil
prisioneros por nave. Los militares españoles les quitaron todo lo que llevaban
pero algunos consiguieron ocultar las monedas y así dispusieron de efectivo.
Sebastien cuenta ocho pontones y el cabo diez. Payrat, por su parte, afirma que
llevaron a Cadiz a unos 25.000, cantidad exagerada, y para la que harían falta
unas 12 naves por lo menos. En cualquier caso tendríamos un mínimo de 16.000
prisioneros en los pontones que es la cantidad mínima que encontramos entre las
diferentes fuentes.
Para dormir se colocaban literalmente
como sardinas en lata, cabezas al lado de pies, y de lado para ocupar menos
espacio. Según Sebastien la ración para dos días era de cuatro onzas de habas
más libra y media de pan pero a veces faltaba el agua o la madera para
hervirlas. El cabo comenta que a veces pasaban al lado de los pontones y les
enseñaban el pan pero no se lo daban. Él tenía un trozo de plomo en la boca
para salivar. Añade que de los 2.200 que pusieron en el barco Souverain perdieron la vida 700 durante
el mes de febrero.
A las seis semanas de estancia se
desató una epidemia de disentería y cada día fallecían entre 15 y 40 por barco,
unos 300 o 400 en total. La costa se llenó de cadáveres y les prohibieron
tirarlos al mar por lo que los colgaban de una cuerda en la borda y se los llevaban
en una barca. El abad afirma que tras cuatro meses en los pontones el número de
prisioneros se redujo a la mitad.
El siete de marzo de 1809
padecieron una tempestad que duró cinco días. Unos dicen que no recibieron
alimentos ni agua durante una semana y perdieron la vida 150 hombres. Otros que
tardaron 20 jornadas en llevarles alimentos. Como se puede comprobar, y
certifica la psicología, las fuentes orales no son muy fiables para los
detalles. Entre el dos de enero y el 28 de marzo de 1809 murieron 675 de los 1.800 que metieron en el Vainqueur. Ese mismo mes enviaron 800
prisioneros –4.000 según otras fuentes– a Canarias donde fueron muy bien
tratados y muchos incluso se afincaron en estas islas.
El 28 de marzo los que quedaban fueron
embarcados con rumbo a la isla de Cabrera, situada a unos 10 kilómetros al
sureste de Mallorca. Del barco de Sebastien quedaban mil de los dos mil
iniciales tras tres meses en los pontones. Utilizaron 27 barcos para
transportarles. Todavía pensaban que iban a Francia en un intercambio por
prisioneros españoles. El viaje fue muy accidentado con retrasos en la partida,
escala en Gibraltar y refugio temporal en Alicante debido a una tormenta.




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