domingo, 7 de abril de 2013

El campo de concentración de la Isla de Cabrera (II/VIII).


El campo de concentración de la Isla de Cabrera.

Lo que no nos han contado de la Guerra de la Independencia (II /VIII).
Autor: Fernando Ballano Gonzalo.

 

Los relatos de los supervivientes son muy interesantes: Sebastien, el de Froger, no entendía que les enviaran a España siendo aliados. Curiosamente, para un simple soldado francés, comenta que todo el mundo sabía que la mujer de Carlos IV era la amante de Godoy. La ocupación francesa de España con la excusa de ocupar Portugal se truncó con el levantamiento del dos de mayo. A partir de ese momento se desencadenó la guerra. En la ocupación de Andalucía el general francés Dupont saqueó Córdoba haciéndose con un valioso botín. La cantidad de riquezas acumuladas por éste hizo que buena parte de las tropas francesas estuvieran ocupadas en su transporte y protección. Por otra parte, los otros generales también querían una parte y discutieron.

El ejército español le hizo frente en Bailén. Parece ser que el general francés dio más importancia a su botín que a una victoria y un cuerpo de ejército de unos 25.000 hombres se rindió casi sin combatir a las tropas españolas tras firmar un acuerdo mediante el cual todos los franceses podrían regresar a su país y los jefes, y en especial Dupont, conservar parte de sus riquezas.

 
                                 La batalla de Bailén según una ilustración de la época.

 La batalla de Bailén comenzó el 19 de julio de 1808, un día antes de que José I entrara en Madrid. El 22 se firmó la capitulación francesa por parte de Dupont ante Castaños. Las tres fuentes de soldados franceses hablan muy mal de los españoles a los que califican de insolentes y despiadados, algo lógico tratándose de enemigos. Unos días después, el primero de agosto, José I se retira a Vitoria y posteriormente cruza la frontera gala.

 
               La rendición de Bailén. José Casado del Alisal. Museo del Prado.
    
Los oficiales franceses conservaban sus espadas y sus sueldos. Según Sebastien los generales tenían incluso derecho a un carro que no podría ser registrado. Dice que los españoles tenían derecho a defenderse pero que se deshonrraron por su feroz venganza. A los soldados prisioneros les daban un trozo de pan y 10 céntimos –sous– cada día. Les llevaron escoltados hacia Cádiz para embarcarles con destino a Francia como estaba previsto en la rendición. Por el camino la gente de los pueblos les insultaba y en algunas ocasiones les atacaron debiendo ser defendidos por los militares españoles que les custodiaban. La gente, sobre todo mujeres y niños, les escupían y tiraban piedras. En un caso el alcalde dijo a los vecinos que quien quisiera matar franceses se metiera en el ejército. En ocasiones era el cura del lugar el que incitaba a atacar a los impíos. En otras era quien les defendía. Una vez se libraron de ser atacados cuando los lugareños descubrieron que los galos también llevaban cruces en sus pechos y, por tanto, eran cristianos como ellos y no unos herejes como les habían hecho creer.
 
El cabo Delroeux no se explicaba cómo habían sido vencidos por la última potencia de Europa. Dice que al principio les dejaron los sables y las cartucheras pero despues se los quitaron. A los generales y jefes les enviaron a Francia enseguida. Napoleón se enfadó mucho cuando se enteró de la capitulación de Dupont y se negó a intercambiar a los soldados porque lo consideraba una debilidad. Sebastien era un gran admirador de Napoleón y justifica que no lo hiciera. El cabo se quejaba de que  el corso les hubiera abandonado haciéndoles pagar a ellos las culpas de sus jefes.

 

 

 

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